Compartimos el diálogo que mantuvimos con Ignacio Correa y Agustín Tempesti, del portal "El Republicano" sobre temas de la realidad económica. Compartimos nuestra visión de la economía, de los desafíos económicos y temas de la actualidad. Todo en pos de contribuir al "diálogo socrático" y a la formación del espíritu crítico, que tanta falta nos hace.
“Historia de dos ciudades”, más
conocida con su título original “A Tale of two cities” es una novela del
escritor Charles Dickens que describe maravillosamente algunos acontecimientos
en los albores de la Revolución Francesa, y cuyos escenarios principales fueron
Londres y París. Además de haber descrito con crudeza los hechos vinculados a
la revolución, Dickens dibujó retratos de dos ciudades con notorios contrastes.
Salvando las diferencias, tomé el título de aquel libro para intitular este breve artículo con el fin de graficar sucintamente dos ciudades que pude visitar hace ya un tiempo. Ambas
son capitales estaduales; ambas se sitúan en el país más influyente del mundo
en el último siglo; pero ambas denotan grandes diferencias en cuanto a su
desarrollo económico e institucional, por lo menos en las últimas décadas.
"Dickens dibujó retratos de dos
ciudades con notorios contrastes.."
En el año 2006, a través de la
beca IVLP del Departamento de Estado de Estados Unidos, por intermedio de la
prestigiosa Fundación Universitaria del Río de la Plata, pude visitar ese gran
país del norte de nuestro continente. Con la expectativa de un joven economista,
soñaba explorar algunos rasgos de la cultura, la política, la sociedad y la
economía de la gran potencia. Dentro de la agenda del viaje teníamos la chance
de conocer varias ciudades, entre ellas, la ciudad de Austin (capital del
estado de Texas) y la ciudad de Harrisburg (capital del estado de Pensilvania).
Debo confesar que previo al desembarco en aquel país no conocía demasiado sobre
los números de dichas ciudades, pero lo que fui descubriendo con el correr de
los días llamó mi atención en grado sumo.
La primera ciudad que visitamos
fue Austin. A primera vista aprecié una ciudad pujante, con orden y pulcritud, con nuevas
edificaciones y un aire de crecimiento muy evidente. Visitamos el town hall
o alcaldía, nos entrevistamos con algunas autoridades municipales (entre ellas con
el alcalde Will Wynn) y pudimos conocer de primera mano la visión de sus
líderes comunales.
El acceso a los números de la ciudad me proporcionó de
inmediato una idea: estábamos visitando una de las ciudades de mayor
crecimiento económico y poblacional de los Estados Unidos. Una de las cosas que
más capturó mi atención fue que la alcaldía y el consejo deliberante se
encontraban en un moderno edificio cuyos ventanales dejaban a la vista de los
transeúntes casi todo el interior. Por ejemplo, una persona que caminara por la
vereda podría apreciar si el consejo de la ciudad se encontraba sesionando.
Todo un diseño pensado para enarbolar los conceptos de Government
transparency y open office. Los anfitriones nos dieron cuenta de algunos
aspectos que caracterizaban esta política de transparencia gubernamental: por
ejemplo, los ciudadanos podían acceder a los informes de comisiones, saber
fecha y lugar de las reuniones de sus miembros y con quiénes se reunían; el
consejo estaba abierto a la participación de los ciudadanos; todos los
proveedores y funcionarios debían hacer la correspondiente declaración de conflicto
de intereses y los lobistas debían estar oficialmente inscriptos. En aquel
momento, la ciudad contaba con un departamento de Desarrollo Económico que
centraba sus esfuerzos en promover las actividades culturales, la expansión de
negocios existentes, la creación de incentivos que permitieran la atracción
de nuevos emprendimientos, la promoción del turismo, música, entretenimiento y
el apoyo de pequeños negocios incipientes. No era casualidad que Austin
ostentara la fama de ser la “capital de la música en vivo”.
Luego de un par de semanas
arribamos a la ciudad capital de Pensilvania: Harrisburg. El primer lugar que
visitamos fue el capitolio, sede del poder legislativo del estado. Se trataba
de un palacio centenario que ostentaba una opulencia envidiable, claro y
evidente signo de una época de riqueza de un tiempo pasado.
Fuera del
impresionante capitolio, la ciudad mostraba menos actividad en sus calles. En
términos relativos, esta urbe tenía mucho menos color y pulcritud que Austin,
la cantidad de homeless (personas sin hogar) era notoria y muchos
negocios tenían sus ventanas cerradas con carteles “out of business”. Ese
primer vistazo me dio algunas ideas intuitivas sobre la situación
socioeconómica, que luego fueron corroboradas con la contundencia de las estadísticas:
una tasa de desempleo superior a la media nacional; tasas de crecimiento
poblacional negativas desde los años ’70; una de las tasas de crecimiento
económico más bajas del país; el indicador de pobreza marcaba que uno de cada cuatro
habitantes era pobre. Los números hablaban por sí solos. Tuvimos
el honor de ser recibidos por el alcalde de aquel entonces, el señor Stephen
Reed, junto a algunos miembros de su equipo y nos obsequió a cada uno un
ejemplar del presupuesto de la ciudad (impreso en unas 400 páginas). Otro
souvenir que nos regaló fue una pintoresca tasa con el logo de la ciudad y su
nombre estampado en la misma. El señor Reed cumplía ya veinticuatro años como
alcalde y manifestaba su intención de continuar sirviendo a la ciudad por un
tiempo más. La prensa de aquellos días daba cuenta de acusaciones de
corrupción en contra de aquella administración comunal. Luego de ver semejantes
contrastes con Austin no pude más que comenzar a imaginar preguntas y posibles
respuestas…¿Qué podría haber
transformado a la pequeña Austin en una de las ciudades capitales de mayor
crecimiento en los últimos lustros? ¿Qué podría haber provocado la decadencia
de la otrora opulenta Harrisburg?
Fue allí cuando recordé las
clases de Historia Económica de los profesores Roberto Varo y Luis Coria. En los
claustros universitarios pasamos horas apasionantes indagando sobre los
conceptos de la “Nueva Economía Institucionalista”. Esas ideas me ayudaron a
elucubrar algunas posibles respuestas a los interrogantes planteados. En
efecto, las instituciones económicas y políticas, y la instalación de una
estrategia de desarrollo como política de estado podrían ayudar a explicar por
qué dos ciudades capitales, del mismo país, podían tener desarrollos tan divergentes.
Y ya que menciono la palabra "instituciones" es menester recordar que ese
término no aplica a “organizaciones” solamente. El concepto abarca diversos
aspectos de la organización de una sociedad: las reglas de juego formales e informales,
la generación de incentivos a la iniciativa privada, la política tributaria, la
visión de los principales esquemas legales y económicos, la organización de las
instituciones civiles y sociales e incluso la transparencia y el accountability
de los funcionarios de gobierno. Algunos de estos conceptos fueron
abordados por economistas galardonados con el premio Nobel, tales como Ronald
Coase, Douglas North, Elinor Ostrom, entre otros. En estricto rigor, para poder
contestar a los interrogantes sobre el desarrollo económico de cualquier lugar es necesario realizar estudios más profundos y con fundamentos científicos.
Pero intuitivamente, y con la impetuosidad de un joven economista, me permitía
inferir que el crecimiento económico de aquellas ciudades y la calidad
institucional de las mismas podían estar altamente correlacionadas.
Volviendo a mi país, luego de
haber visitado otras ciudades más, me preguntaba: ¿qué lecciones podemos
aprender? ¿Qué vínculos podemos encontrar entre la calidad institucional y el desarrollo de las regiones de nuestro país? Y si extrapolamos estos conceptos a la nación
entera ¿podríamos explicar las épocas de crecimiento y decadencia de nuestro país a
la luz de sus instituciones? ¿Y en vistas de la situación actual de las
instituciones argentinas (gobiernos, justicia, régimen impositivo y laboral, derechos de propiedad, respeto de las reglas de juego, previsibilidad y
transparencia en los actos de gobierno, organismos de control de los bienes
públicos, etcétera) podríamos vaticinar el desarrollo de Argentina en los próximos
años? Les dejo a mis distinguidos lectores estas inquietudes; quizás ustedes
puedan llegar a sus propias conclusiones.