Hace algunos días hablaba con mi
amigo José Gudiño respecto a las diferentes escuelas de pensamiento económico,
y nos imaginábamos un gran espectro donde se ubicaban los economistas más
prominentes de la historia. En un extremo de dicha región, hacia la izquierda,
brillan las estrellas de Karl Marx, Engels, y planetoides como Lenin o Trotsky.
Hacia la derecha, podríamos divisar las estrellas de Ludwing von Mises, Friedrich
von Hayek, entre otros. Obviamente, si quisiéramos encontrar a Milton Friedman
lo encontraríamos desde el centro hacia la derecha, bien a la derecha… Y me
animaría a decir que un astro que se encuentra destellando en el centro, hacia
la izquierda es sin dudas, John Maynard Keynes. Quizás me equivoque, y mi
telescopio imaginario esté mal calibrado actualmente, pero por lo menos es lo
que podemos divisar ahora según la tecnología y conocimiento de que dispongo.
Seguramente, pueda atinar mi visión con el paso del tiempo, y pueda dibujar con
más precisión esta constelación. Ahora bien, si tuviera que establecer una de
las estrellas que más ha iluminado el camino de los economistas en los últimos
setenta años, podría decir sin temor a equivocarme que es la estrella que está
bien al centro. Es la que corresponde al profesor Paul Anthony Samuelson, quien
con mucha claridad pudo fusionar a Keynes con todos los clásicos anteriores, y
formar lo que él mismo llamó como “síntesis neoclásica”.
Fue Samuelson el que más trabajó
en el desarrollo de las doctrinas que iban a dar consistencia a las teorías de
Keynes, con formulación matemática e integración con las teorías precedentes.Fue el primer norteamericano galardonado con
el Nobel de Economía, en 1970. Su mérito no sólo fue la formulación de dichos
planteos matemáticos, sino que también estableció análisis empíricos que
ayudasen a comprender las teorías por él explicadas. Su célebre manual de
economía fue el medio principal con el que el profesor Samuelson pudo
popularizar las teorías keynesianas, haciendo uso del modelo IS-LM y
amalgamándolo con la visión de la microeconomía neoclásica previa. Su obra
sirvió de base para integrar de manera armónica todo el conocimiento económico
existente hasta ese momento, uniendo la visión microeconómica con la
macroeconomía. La sofisticación de su análisis a través de los métodos
matemáticos hizo que la economía como disciplina de estudio fuera categorizada
a niveles cercanos de cualquier ciencia natural. No obstante lo cual, el mismo
profesor Samuelson era consciente de las limitaciones ya que admitía que “la
economía no es una ciencia exacta.”
Si tuviéramos que encontrar a un
economista que pudo reescribir lenguaje terrícola la teoría keynesiana,
poniendo en evidencia las limitaciones del mercado, y exponiendo la necesidad
de la intervención del Estado, el profesor Samuelson sobresale destacablemente.
Es uno de los pioneros que define el rol de los estabilizadores automáticos que
permiten a una economía moderar o suavizar los ciclos económicos. Es uno de los
primeros que aborda la teoría de los bienes públicos y la teoría del bienestar,
entre otras cosas.
Cuando hablamos de la teoría
keynesiana debemos referirnos más al desarrollo teórico de Paul A. Samuelson y
no tanto al propio Keynes. En los próximos dos artículos, quisiera compartir
algunos apuntes tomados de los escritos del propio Paul Samuelson y que hacen
referencia al tema de la pobreza y desigualdad, al grave problema de la estanflación, de la economía del medioambiente y del control de precios. Dedicaré un
artículo específico a ver qué decía este nobel de economía sobre la economía Argentina.
Afirmar que nuestra economía se
encuentra sumergida en una profunda “estanflación”
no resulta ninguna novedad. Pero no deja de sorprender que sigamos sumergidos
en este proceso por tanto tiempo y que no existan indicios de que pronto
podríamos salir del fango en el que nos encontramos empantanados. Cuando los
economistas hablamos de estanflación, nos estamos refiriendo a un fenómeno que
combina inflación persistente con
estancamiento económico. Al decir esto, huelga mencionar que otras
variables asociadas también muestran un deterioro, a saber: desempleo, pobreza,
desigualdad, desinversión, etc.
En el gráfico de abajo, gracias a
la genialidad de www.tradingeconomics.com
puedo mostrarles gráficamente que en los últimos 10 años el producto bruto
argentino solo ha tenido cuatro años de crecimiento positivo, pero si lo
medimos de punta a punta, el PBI ha
caído profundamente, es decir, nuestra economía es más chica que hace una
década: la torta se achicó y los comensales somos, sin dudas, muchos más.
Paralelamente, vemos que el índice de inflación anual es de dos dígitos durante
todo el período, pero lo preocupante es que ha tenido picos enormes de
crecimiento, llegando a más del 50% de variación interanual. Desde 2018, la economía no ha parado de
achicarse y la inflación no ha detenido su alza. Toda una década de
ESTANFLACIÓN, y desde 2018, una ESTANFLACIÓN en grado sumo.
La pregunta válida es ¿cómo
podemos salir de esta situación sin generar aún más costos en términos de
bienestar para nuestra población? Por mucho tiempo, los economistas hablaban de
la famosa disyuntiva de corto plazo entre inflación y desempleo: si queríamos
bajar la inflación, teníamos que soportar contracción económica; y si queríamos
hacer crecer la economía, era válido soportar un poco de inflación.
Afortunadamente, esta disyuntiva no es una ley inmutable, y la ciencia
económica pudo elaborar puntos medios gracias
a teorías como la de las expectativas
racionales. En otras palabras, se podría aplicar un plan de estabilización que converja a niveles de inflación más bajos y
con crecimiento positivo de la actividad económica, ambos objetivos al
mismo tiempo. PERO, para poder lograrlo se requiere un plan creíble y
sustentable en el tiempo. Se requiere un buen diagnóstico inicial, establecer
metas razonables y alcanzables, y disciplina por un buen plazo. Para ello, es
preciso concertar políticas que se instrumenten más allá de un solo mandato
presidencial. Es imperioso poner manos a la obra… ¿Por qué seguir esperando un
milagro? Esto es, a grandes rasgos, lo que planteaba en un artículo publicado
recientemente en el portal INFOBAE. Muchos me criticaron el hecho de no haber hecho
referencia explícita a los pobres y al problema de la pobreza. Créanme: al
hablar de inflación y de falta de confianza en la moneda, de la ausencia de
inversiones de largo plazo, de la falta de un buen clima de negocios, no pienso
específicamente en los ricos o en los sectores más pudientes de la sociedad: de alguna forma, ellos ya tienen sus
problemas resueltos de antemano; pero sin aquellos presupuestos básicos la movilidad social está seriamente dañada. La pregunta que sigue latente es: ¿contaremos
con la voluntad patriótica de concertar políticas estratégicas y de largo
plazo? ¿Podremos retomar una senda de crecimiento sostenido en el tiempo y con
desaceleración progresiva de la inflación? Son interrogantes abiertos que me
gustaría que algún día comiencen a tener respuestas concretas. Un acuerdo
patriótico y de alcance estratégico puede ser UTÓPICO o IDÍLICO. Pero es
estrictamente necesario, y cada vez más urgente.
Hoy tuve la gran alegría de poder ver publicado un artículo de mi autoría en el principal medio de información de Argentina, y uno de los portales informativos más visitados en América Latina, INFOBAE.
Agradezco la deferencia que ha tenido conmigo el señor Daniel Sticco, quien es el Jefe de Redacción de la sección de Economía del mencionado portal.
Por razones que comprendo y asocio a necesidades editoriales, la Redacción del portal prefirió acortar el punto número 9 como así también la conclusión final. A continuación, comparto el vínculo al artículo tal como fue publicado por INFOBAE y al final agrego los párrafos originales de mi escrito.
Desde ya, agradezco las críticas y los comentarios.
A continuación transcribo aquí el punto 9 nuevamente y mi conclusión final, que no fue publicada:
1. "9) Establecer un plan destinado a la urbanización,
acceso al agua potable y cloacas para los habitantes de la nación. Es preciso
dimensionar el costo de estas inversiones y un horizonte claro que permita a
todos los argentinos el acceso a estos derechos básicos que aseguran la
igualdad de oportunidades.
2. [...]
Aunque
estos deseos sean idílicos o utópicos, permitámonos soñar y expresarlos. Quiera
Dios que nuestros dirigentes logren dejar de lado sus afanes de poder y de
gloria personal, y tengan la valentía de sentarse en una misma mesa con
aquellos que piensan distinto para poder acordar aquello que nuestra patria y
las futuras generaciones tanto necesitan, atendiendo como es debido a los
presupuestos básicos de consenso, diálogo social y fraternidad del pueblo
argentino."
Compartimos el diálogo que mantuvimos con Ignacio Correa y Agustín Tempesti, del portal "El Republicano" sobre temas de la realidad económica. Compartimos nuestra visión de la economía, de los desafíos económicos y temas de la actualidad. Todo en pos de contribuir al "diálogo socrático" y a la formación del espíritu crítico, que tanta falta nos hace.
Basándonos un test clásico de los años 80, trataremos de identificar sus preferencias en materia de política económica. En este caso hay solo dos grandes visiones: Keynesianismo y Monetarismo. Por supuesto, sabemos que hay más escuelas de pensamiento, pero en la PRÁCTICA, queremos saber con cuál modelo estaríamos "más o menos" identificados. ¿Se anima a hacerlo? Nos hemos basado en un cuestionario de la Enciclopedia Práctica de la Economía, de la Editorial Hyspamérica, 1982).
NO HAY RESPUESTAS CORRECTAS. El resultado final estará entre 0 y 18. Si su resultado está cerca de 0, será una persona con más tendencia a aceptar el pensamiento Keynesiano. Si el resultado le acerca a un valor más aproximado a 18, entonces, podría estar más cerca de un pensamiento monetarista. ¿Jugamos?
“Historia de dos ciudades”, más
conocida con su título original “A Tale of two cities” es una novela del
escritor Charles Dickens que describe maravillosamente algunos acontecimientos
en los albores de la Revolución Francesa, y cuyos escenarios principales fueron
Londres y París. Además de haber descrito con crudeza los hechos vinculados a
la revolución, Dickens dibujó retratos de dos ciudades con notorios contrastes.
Salvando las diferencias, tomé el título de aquel libro para intitular este breve artículo con el fin de graficar sucintamente dos ciudades que pude visitar hace ya un tiempo. Ambas
son capitales estaduales; ambas se sitúan en el país más influyente del mundo
en el último siglo; pero ambas denotan grandes diferencias en cuanto a su
desarrollo económico e institucional, por lo menos en las últimas décadas.
"Dickens dibujó retratos de dos
ciudades con notorios contrastes.."
En el año 2006, a través de la
beca IVLP del Departamento de Estado de Estados Unidos, por intermedio de la
prestigiosa Fundación Universitaria del Río de la Plata, pude visitar ese gran
país del norte de nuestro continente. Con la expectativa de un joven economista,
soñaba explorar algunos rasgos de la cultura, la política, la sociedad y la
economía de la gran potencia. Dentro de la agenda del viaje teníamos la chance
de conocer varias ciudades, entre ellas, la ciudad de Austin (capital del
estado de Texas) y la ciudad de Harrisburg (capital del estado de Pensilvania).
Debo confesar que previo al desembarco en aquel país no conocía demasiado sobre
los números de dichas ciudades, pero lo que fui descubriendo con el correr de
los días llamó mi atención en grado sumo.
La primera ciudad que visitamos
fue Austin. A primera vista aprecié una ciudad pujante, con orden y pulcritud, con nuevas
edificaciones y un aire de crecimiento muy evidente. Visitamos el town hall
o alcaldía, nos entrevistamos con algunas autoridades municipales (entre ellas con
el alcalde Will Wynn) y pudimos conocer de primera mano la visión de sus
líderes comunales.
El acceso a los números de la ciudad me proporcionó de
inmediato una idea: estábamos visitando una de las ciudades de mayor
crecimiento económico y poblacional de los Estados Unidos. Una de las cosas que
más capturó mi atención fue que la alcaldía y el consejo deliberante se
encontraban en un moderno edificio cuyos ventanales dejaban a la vista de los
transeúntes casi todo el interior. Por ejemplo, una persona que caminara por la
vereda podría apreciar si el consejo de la ciudad se encontraba sesionando.
Todo un diseño pensado para enarbolar los conceptos de Government
transparency y open office. Los anfitriones nos dieron cuenta de algunos
aspectos que caracterizaban esta política de transparencia gubernamental: por
ejemplo, los ciudadanos podían acceder a los informes de comisiones, saber
fecha y lugar de las reuniones de sus miembros y con quiénes se reunían; el
consejo estaba abierto a la participación de los ciudadanos; todos los
proveedores y funcionarios debían hacer la correspondiente declaración de conflicto
de intereses y los lobistas debían estar oficialmente inscriptos. En aquel
momento, la ciudad contaba con un departamento de Desarrollo Económico que
centraba sus esfuerzos en promover las actividades culturales, la expansión de
negocios existentes, la creación de incentivos que permitieran la atracción
de nuevos emprendimientos, la promoción del turismo, música, entretenimiento y
el apoyo de pequeños negocios incipientes. No era casualidad que Austin
ostentara la fama de ser la “capital de la música en vivo”.
Luego de un par de semanas
arribamos a la ciudad capital de Pensilvania: Harrisburg. El primer lugar que
visitamos fue el capitolio, sede del poder legislativo del estado. Se trataba
de un palacio centenario que ostentaba una opulencia envidiable, claro y
evidente signo de una época de riqueza de un tiempo pasado.
Fuera del
impresionante capitolio, la ciudad mostraba menos actividad en sus calles. En
términos relativos, esta urbe tenía mucho menos color y pulcritud que Austin,
la cantidad de homeless (personas sin hogar) era notoria y muchos
negocios tenían sus ventanas cerradas con carteles “out of business”. Ese
primer vistazo me dio algunas ideas intuitivas sobre la situación
socioeconómica, que luego fueron corroboradas con la contundencia de las estadísticas:
una tasa de desempleo superior a la media nacional; tasas de crecimiento
poblacional negativas desde los años ’70; una de las tasas de crecimiento
económico más bajas del país; el indicador de pobreza marcaba que uno de cada cuatro
habitantes era pobre. Los números hablaban por sí solos. Tuvimos
el honor de ser recibidos por el alcalde de aquel entonces, el señor Stephen
Reed, junto a algunos miembros de su equipo y nos obsequió a cada uno un
ejemplar del presupuesto de la ciudad (impreso en unas 400 páginas). Otro
souvenir que nos regaló fue una pintoresca tasa con el logo de la ciudad y su
nombre estampado en la misma. El señor Reed cumplía ya veinticuatro años como
alcalde y manifestaba su intención de continuar sirviendo a la ciudad por un
tiempo más. La prensa de aquellos días daba cuenta de acusaciones de
corrupción en contra de aquella administración comunal. Luego de ver semejantes
contrastes con Austin no pude más que comenzar a imaginar preguntas y posibles
respuestas…¿Qué podría haber
transformado a la pequeña Austin en una de las ciudades capitales de mayor
crecimiento en los últimos lustros? ¿Qué podría haber provocado la decadencia
de la otrora opulenta Harrisburg?
Fue allí cuando recordé las
clases de Historia Económica de los profesores Roberto Varo y Luis Coria. En los
claustros universitarios pasamos horas apasionantes indagando sobre los
conceptos de la “Nueva Economía Institucionalista”. Esas ideas me ayudaron a
elucubrar algunas posibles respuestas a los interrogantes planteados. En
efecto, las instituciones económicas y políticas, y la instalación de una
estrategia de desarrollo como política de estado podrían ayudar a explicar por
qué dos ciudades capitales, del mismo país, podían tener desarrollos tan divergentes.
Y ya que menciono la palabra "instituciones" es menester recordar que ese
término no aplica a “organizaciones” solamente. El concepto abarca diversos
aspectos de la organización de una sociedad: las reglas de juego formales e informales,
la generación de incentivos a la iniciativa privada, la política tributaria, la
visión de los principales esquemas legales y económicos, la organización de las
instituciones civiles y sociales e incluso la transparencia y el accountability
de los funcionarios de gobierno. Algunos de estos conceptos fueron
abordados por economistas galardonados con el premio Nobel, tales como Ronald
Coase, Douglas North, Elinor Ostrom, entre otros. En estricto rigor, para poder
contestar a los interrogantes sobre el desarrollo económico de cualquier lugar es necesario realizar estudios más profundos y con fundamentos científicos.
Pero intuitivamente, y con la impetuosidad de un joven economista, me permitía
inferir que el crecimiento económico de aquellas ciudades y la calidad
institucional de las mismas podían estar altamente correlacionadas.
Volviendo a mi país, luego de
haber visitado otras ciudades más, me preguntaba: ¿qué lecciones podemos
aprender? ¿Qué vínculos podemos encontrar entre la calidad institucional y el desarrollo de las regiones de nuestro país? Y si extrapolamos estos conceptos a la nación
entera ¿podríamos explicar las épocas de crecimiento y decadencia de nuestro país a
la luz de sus instituciones? ¿Y en vistas de la situación actual de las
instituciones argentinas (gobiernos, justicia, régimen impositivo y laboral, derechos de propiedad, respeto de las reglas de juego, previsibilidad y
transparencia en los actos de gobierno, organismos de control de los bienes
públicos, etcétera) podríamos vaticinar el desarrollo de Argentina en los próximos
años? Les dejo a mis distinguidos lectores estas inquietudes; quizás ustedes
puedan llegar a sus propias conclusiones.
En estos meses hemos estado pendientes de los resultados de la negociación de la deuda por parte de la administración nacional. Al parecer estos episodios son mucho más frecuente para Argentina de lo que pueden ser para otros países de la región y del mundo. Evidentemente hay parámetros que llevan a que nuestro país ingrese en fases divergentes y no estables, y que cada tanto, tengamos que buscar una corrección de las trayectorias.
Todo esto me recuerda a mi tesis de licenciatura en Economía. Hace unos quince años presenté la tesis intitulada: “Endeudamiento de la Argentina durante los últimos 30 años, con especial énfasis en el Canje de Deuda 2005”. Con este trabajo intenté valerme de herramientas proporcionadas por la economía matemática para explicar a través de un modelo sencillo que el gobierno, como agente tomador de decisiones, puede "optimizar" una decisión maximizando los resultados dentro de un horizonte temporal. A mí entender, y desde la visión de aquel estudiante de economía, algunos gobiernos pueden optimizar una decisión sabiendo que la misma no es consistente intertemporalmente y que incluso lo hacen sabiendo que dicha decisión tenderá a comportarse en forma caótica. Es decir, un buen gobierno debiera optar por una estrategia que necesita ser optimizada en forma intertemporal para asegurar que las variables convergerán a un equilibrio; de lo contrario, podría ser estable por cierto tiempo pero luego dichas variables podrían diverger por trayectorias inestables (pateando el problema para adelante).
Para ser más claro, voy a intentar dar un ejemplo. Supongamos que una persona tiene mucho apetito por cierta comida, digamos el helado. Supongamos también que esta persona sabe que solo puede tolerar una determinada cantidad de helado por día ya que si consume más cantidad sobrevendrá luego algún problema de indigestión, a tal punto que puede terminar internado en un hospital. Al momento de decidir qué cantidad de helado comer, la persona está parada frente a dos posibles escenarios:
1) consumo una "adecuada" cantidad de helado hoy para lograr un equilibrio óptimo intertemporalmente, o sea, que es óptimo en este día y también para mañana, ya que mañana amaneceré bien y todo seguirá su curso normal.
2) consumo todo lo que me dé la gana hoy, total me encanta muchísimo el helado, y si mañana las cosas vuelan por el aire, no importa, por lo menos disfruté mucho del helado en un día.
Como vemos, la primera elección podría ser considerada como una "optimización intertemporal" que tiene a una estabilidad de las variables. En el caso de la segunda opción vemos que los beneficios fueron maximizados en un determinado horizonte temporal finito, pero más allá del tiempo las variables se tornan caóticas y transitan por trayectorias divergentes. Esto es un ejemplo de que la decisión "no fue óptima desde el punto de vista intertemporal".
Espero que la negociación de la deuda de la administración nacional opte por una decisión que no sólo le convenga a su horizonte temporal de gobierno, sino que sea estable desde el punto de vista intertemporal.
A continuación dejo el vínculo a la tesis de licenciatura. Espero sus observaciones/comentarios, los mismos serán muy bienvenidos.